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La mirada y el espejo

“¿Sin un espejo, quién puede verse los ojos? Y, los ojos, son la más clara proyección de nuestro espíritu. El camino más seguro para descubrir lo que dan de sí nuestras facultades anímicas, está en saber precisar bien los límites de nuestra imagen, como si nuestra personalidad se encontrara a flor de piel o en el resplandor de una mirada. ¿Somos conscientes de ello?”.

Con estas reflexiones Carlos Muñoz Espinalt pretende hacernos descubrir que en nuestra mirada se hallan todas las sensaciones anímicas de la personalidad que pueden motivarnos o crearnos rechazo cuando están en contradicción con nuestro propósito personal. Nos minimiza el rostro cuando la mirada no se refleja de manera equilibrada delante del espejo, sin coordinar con los demás canales de expresión como son el habla, el gesto facial y el peinado. De este modo si hay una falta de sintonía, nos lleva a una dispersión en el propósito personal,  al no poder manifestar claramente cuál es nuestra aspiración. No lo vemos en una imagen objetivada. Esto nos hace vacilar delante de las decisiones de la vida.

 En ocasiones  somos sugestionados por imágenes de pinturas o incluso en las figuras de piedra como en el antiguo Egipto. Les hacían una frente prominente para remarcar una mirada más bella y viva en las estatuas. Al igual que quedamos seducidos por estas imágenes, también podemos quedar sugestionados por nuestra propia mirada delante del espejo o  quedar transmutado nuestro estado de espíritu donde el amor, el miedo y el resentimiento se hallan reflejados. En consecuencia, a través de la historia ha sido mal visto y prohibido el mirarnos en el espejo, con juicios de indicios de pecado o recriminación. O represión, por miedo a que el ser humano quedase endiosado. Este comportamiento ha provocado que el espejo todavía sigue siendo un tabú y la persona que tenemos delante conozca nuestra mejor cara que nosotros mismos. En gran parte, somos lo que los demás ven en nosotros y tomamos una actitud en la vida de acuerdo en cómo nos ven los demás. En cambio, ¿Cómo nos interpretamos a nosotros mismos cuando nos miramos en el espejo?  Ni en las oficinas saben las caras que le ponen al público.

Mirarse en el espejo es el principio para reconocer la mirada y además hacer todo un trabajo de imagen. Cuando alguien se mira en el espejo y no se gusta, le vienen pensamientos negativos  que le quitan energía para poder conseguir su propósito en su vida. Hay que reconocer que necesita hacer un cambio en su imagen para aceptarse y sentirse seguro.  Esta imagen, si es vivencial, tiende a potenciar el fondo al compensar cualquier forma o creencia negativa.  Si tienes un objetivo en la vida y no ves la manera de plasmarlo, a través del peinado y de los artificios que utilizamos, nos  crearnos una imagen objetivada, que estimulará e incentivará la iniciativa para conseguirlo. Por ese mismo motivo es imprescindible mirar-se en el espejo, perder el miedo a los pensamientos que pueden aparecer, equilibrar la expresión del rostro  e intensificar intencionalidad de la mirada. Porque estas sensaciones que tanspuan en el fondo del propio yo, quedan neutralizadas, equilibradas y potenciadas al fortalecerse la mirada con el gesto facial, con el peinado y con los artificios.

La Psicoestética ayuda a interpretarnos a través de los artificios que necesitamos para sobrevivir y afirmarnos, al potenciar la imagen,  así poder reafirmar el carácter y dar fuerza al propio yo. Al equilibrar la mirada sentimos una transmutación que nos transciende nuestra manera de ser, de aquello que queremos manifestar de nuestra personalidad.  El saber utilizar los artificios para potenciar nuestra imagen nos ayuda a vernos actualizados y con talento, para tomar la iniciativa de emprender un proyecto en la vida. En esta paradoja, la Psicoestética  nos ayuda a saber reconocernos y a entender que la intencionalidad de la mirada se potencializa, se vivifica y se estimula en mayor grado, cuando nos miramos en el espejo y entrenamos su expresividad que nos dará la motivación en la belleza de la mirada y la sugestión personal.

Entre tanto, si seguimos el test Psicoestético del espejo, en que podemos hacernos las siguientes preguntas:

3. ¿Al ver su imagen nota gestos de represión o inhibición cuando se mira en el espejo?

4. ¿Tiene reacciones recriminativas contra alguien o alguna cosa, mientras se mira en el espejo?

Gracias por seguir en el blog y por compartir

Vicent Davó


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