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Las manos y el instinto de acariciación

 

 

 En las manos, que tenemos el contacto con las demás personas, se hace visible uno de los instintos que según la Psicoestética es el más positivo de nuestro temperamento. “El instinto del acariciar“. Es por donde se

muestra el grado de afecto que tenemos por las personas y las cosas. A través del tacto la persona se siente amada y acompañada. Se hace evidente cuando le toca un profesional de la salud, de la imagen personal o una persona directiva, los que tienen autoridad y dominio profesional les transmiten seguridad y confianza.

 

Cuando se abraza a un niño se despierta este instinto del acariciar. También al dar la mano y tocar a la persona con un gesto de deferencia. La Madre Teresa de Calcuta hacía esta función de acompañar a la persona hasta el final de su vida despidiéndose en sus brazos. Cuando se da la mano o se toca a otra persona, como en el caso de un profesional peluquero que le está haciendo un peinado o en un masajista como en otras tantas profesiones, surge la relevancia de este instinto del acariciar. También se perpetúa a través de los oficios y en los artificios que vamos creando; Un pintor que quiere sacar el espíritu de su obra o un fallero la intencionalidad a la falla. Según la manera de tocarlo se verá el grado que tiene de apreciación.

En la época actual se ha puesto de moda de forma pública el instinto de auto-acariciación desde los años 60. Uno de los primeros motivos que hicieron visible según Carlos Muñoz Espinalt este movimiento, fue el uso de los Tejanos en la época del rock con los pantalones pegados al cuerpo, como si de una segunda piel fuera que les permitía tocarse. Veremos que en la acariciació intervienen el sentido del tacto, la vista, el oído, el olor y todos juntos nos hacen visible la consideración de un ser humano hacia el otro. En la forma que perciba y reaccione es por donde nos mostrará el grado de potenciación, respeto y admiración que los humanos pueden manifestar. Este instinto de acariciació no pasa sólo en el tacto, también lo hacemos tangible a través de la calidez de una mirada y la dulzura del tono de voz que nos hace estar más cerca.
El ser humano tiene ese instinto del acariciar al igual que el mamífero. Con el tacto, vuelve a sentir el recuerdo de las primeras caricias de la madre desde que nace y se perpetúa en sus propios hijos, por lo que es un gesto que se vuelve a recuperar en este contacto. De aquí que hay personas que les gusta y les complace coger a un niño. Otros como el ven demasiado débil tienen miedo por si les cae o en hacerle daño. Aquel que lo abraza le transmite la sensación de placer y plenitud. Se ve cuando el niño se duerme en los brazos a través del ritmo de la respiración y el calor que desprende, en este contacto se contagia esa sensación de placidez. Aquí es donde aparece el instinto del acariciar en toda su magnificencia.


Segundo los científicos, si el ser humano desde que nace sus familiares lo rodean en brazos, con caricias y tiene un contacto continuado tendrá más información psíquica y más caudal de emociones que recibirá a través del tacto. También desarrollará mejor el sentimiento amoroso, la sociabilidad y la vinculación en los demás.

Cuando alguien se hace un masaje o se toca la cara cuando  se afeita. Cuando se maquilla o se pone alguna crema, sale este instinto del acariciar. Que más importante que la crema en sí, van mucho más lejos las sensaciones psíquicas que le crean el hecho de tocarse. En cambio hay quien lo hace de manera brusca por un sentimiento de culpa o de paso para ocultar su coquetería. O podría intentar tocarse lo menos posible por no insinuar ningún gesto sensual o por no transmitir unas segundas intenciones.


 Para comprender este instinto de acariciación y saber el grado de adaptación que tenemos en la época actual, podemos hacernos estas preguntas de las 15 que nos muestra el Profesor Carlos Muñoz Espinalt el gráfico 121A ,en el estudio Psicoestético sobre los límites de nuestra figura y el mundo que nos rodea:


7. ¿Qué forma tiene que saludar y dar la mano a otra persona?
8. ¿Tiene ” tabús ” sobre el sentido del tacto?
9. ¿En qué proporción se considera una figura para mirar o mirarse o en qué proporción una figura para tocar o tocarse?

 

Aquí nos encontraremos la clave para el grado de elegancia y sugestión personal que le podemos dar a nuestra figura a través de un peinado o un vestido en la configuración de la imagen personal en el instinto de acariciación y del tacto.
Gracias por compartir
Vicente Davó


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