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La belleza de la mirada

Sartre decía: “ La vida es una pasión inútil”. Muñoz Espinalt replicava: “Una vida sin pasión es inútil”.

¿Quién suele observarse y contemplarse la mirada, recrearse  para ver qué dicen sus ojos cuando se mira en el espejo?

Si la cara es el espejo del alma, los ojos son las ventanas de la proyección del espíritu… En este caso vemos que excepto en el tocador de casa, carecemos de muchos momentos a la hora de contemplarnos delante del espejo, de conocer la intención de  mirar a los ojos a una persona o a un público ¿Que sabemos entonces de nuestro mirar cuando nos comunicamos con los demás? Si no tenemos un espejo delante como en una peluquería, un gimnasio, alguna tienda de moda o joyería, tampoco sabemos nuestra relación de lo que nuestros ojos emiten. En muchas ocasiones la gente pasa el espejo por alto o parece des culpabilizase de su propia coquetería, dándose golpes al peinarse en vez de acariciarse el cabello o también pasando la mirada desapercibida.

¿Qué temor puede tener a descubrirse en público? Y si no conoce su mirada ¿Cómo sabrá como lo ven los demás?

¿De nuestros ojos y de la mirada quien nos habla además de un profesional Psicoesteta?  ¿Sabemos interpretar en el espejo la emisión del estado anímico y el carácter que le da más fuerza a nuestra mirada? Vemos que no resulta fácil sin un buen entrenamiento. Pero sí que podemos encontrar las sensaciones que minimizan o nos potencian el estado anímico, aquellas que nos degradan o nos expanden la personalidad.

Al hacer los ejercicios de miradas se entrena el carácter, el mensaje que queremos dar y la influencia sugestiva que queremos transmitir. Si aprendemos a conocer el lenguaje de nuestra propia mirada, tendremos la clara relación que tenemos con nosotros mismos y con los demás. En relación con nuestro ambiente descubriremos las motivaciones anímicas y conoceremos los instantes que perdemos en poder sacar más provecho de nuestra imagen.

Constantemente recomiendo la importancia de poner espejos en las oficinas y despachos para ver las miradas que se emiten al público. Potenciar el gesto rutinario por descubrir el aire juvenil, con el brillo, la vivacidad y la mirada emotiva, aumentando la capacidad de expresión, la capacidad de contagio anímico y la capacidad de inspirar confianza. Además, sabiendo reconocer cuando se mira a alguien con aire abatido o con desgana y cuando se mira como si fuera la primera vez. También reivindico la necesidad de poner espejos en los colegios, en clase para aumentar la capacidad de expresión y entrenar la intencionalidad de la mirada, coordinándola con el tono de la voz y el gesto que le da mayor seguridad personal y un aire sugestivo.

Además ¿Somos conscientes de las situaciones que creamos por la mirada que emitimos? Tal vez la  forma de cómo nos miran los demás depende más de la proyección de nuestra propia mirada. Cuando a alguien le interesa algo suele mirar con atención, en cambio, al contrario desvía la mirada. Y de nuestra propia mirada ¿No dependerá el clima que creamos? Aquí vemos que la responsabilidad depende más de de la proyección que uno mismo emite al relacionarse con el ambiente.

Puedes hacer la prueba, mira 10 segundos seguidos a los ojos a una persona con deferencia y verás muy pronto la respuesta, no tardará en devolverte la mirada de sorpresa, de respeto, intriga, reconocimiento, apreciación e incluso se puede preguntar: ¿Qué me recuerda esta persona? Es el mensaje que llega al fondo del inconsciente por la comunicación más profunda creada por la mirada.

Concluimos que en el esfuerzo que hacemos para potenciar a los demás con  la expresividad de la mirada, siempre fortalece y da más beneficios a uno mismo.

Un cordial saludo y gracias por compartir

Vicent Davó

 

 


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